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Aguas regeneradas y control analítico para una reutilización segura

Reutilizar con seguridad exige control analítico

La reutilización del agua solo puede avanzar con garantías si se apoya en un control analítico riguroso. Conocer la calidad del agua, verificar la eficacia de los tratamientos y comprobar que se mantienen las condiciones exigidas hasta el punto de uso son aspectos esenciales para que las aguas regeneradas puedan emplearse de forma segura.

 

La reutilización del agua se consolida como una herramienta estratégica para afrontar la escasez hídrica, reducir la presión sobre ríos y acuíferos y avanzar hacia una gestión más circular de los recursos. Sin embargo, reutilizar no consiste únicamente en volver a emplear agua previamente tratada. Exige adecuar su calidad al uso previsto, controlar el funcionamiento de los tratamientos y gestionar los posibles riesgos para la salud y el medio ambiente.

Por ello, el análisis de laboratorio ocupa un lugar central en todo el proceso. Desde la caracterización inicial del agua y la validación de los tratamientos hasta el control en el punto de cumplimiento y el seguimiento durante la distribución, los resultados analíticos aportan la información necesaria para tomar decisiones, documentar el cumplimiento normativo y proteger la salud y el medio ambiente.

En territorios especialmente expuestos a periodos de sequía y estrés hídrico, como la Comunitat Valenciana y buena parte del arco mediterráneo, las aguas regeneradas representan una fuente alternativa capaz de aportar mayor estabilidad a determinados suministros.

Su utilización permite reservar los recursos de mayor calidad para aquellos usos que realmente los necesitan. Pero esta oportunidad lleva aparejada una responsabilidad: conocer con precisión la calidad del agua, garantizar que es adecuada para su destino y mantener un seguimiento analítico durante todo el proceso de reutilización.

 

¿Qué es el agua regenerada?

No toda agua depurada es automáticamente agua regenerada.

El agua depurada es aquella que ha sido sometida a un tratamiento para reducir su carga contaminante y cumplir las condiciones necesarias antes de su vertido o devolución al medio.

El agua regenerada, en cambio, es agua residual previamente depurada que ha recibido, cuando resulta necesario, un tratamiento adicional o complementario para alcanzar la calidad requerida para un nuevo uso.

Esta diferencia es esencial. Mientras que la depuración busca reducir el impacto ambiental del vertido, la regeneración prepara el agua para que pueda volver a utilizarse bajo unas condiciones de calidad y seguridad determinadas.

Por tanto, no existe una única calidad de agua regenerada válida para todos los usos. Los requisitos dependerán de su destino, del grado de exposición de las personas, de la posibilidad de contacto con cultivos, animales o instalaciones, del riesgo de aerosolización y de su posible interacción con el suelo, las aguas superficiales o los acuíferos.

 

Un nuevo marco para la reutilización del agua

El Real Decreto 1085/2024, por el que se aprueba el Reglamento de reutilización del agua, actualiza el marco español y establece las condiciones básicas para la producción, el suministro y el uso de aguas regeneradas.

La norma adapta la regulación española a los principios establecidos en el Reglamento (UE) 2020/741, relativo a los requisitos mínimos para la reutilización del agua, y amplía el enfoque basado en la gestión del riesgo a los distintos sistemas y usos regulados.

Uno de los principales cambios es que el cumplimiento ya no puede entenderse únicamente como la comprobación aislada de una serie de parámetros. Es necesario estudiar el sistema completo de reutilización, identificar los posibles peligros y determinar las medidas de control necesarias en cada etapa.

El sistema puede incluir:

  • La entrada del agua en la estación depuradora.
  • El tratamiento de depuración.
  • El tratamiento de regeneración.
  • El almacenamiento.
  • La distribución o transporte.
  • El punto de entrega.
  • El uso final del agua.

 

Cada operador o usuario que interviene en esta cadena puede asumir responsabilidades específicas. Por ello, la coordinación entre estaciones depuradoras, operadores de regeneración, gestores de redes, usuarios finales y administraciones resulta fundamental para mantener la calidad del agua hasta su destino.

 

¿Para qué pueden utilizarse las aguas regeneradas?

Las aguas regeneradas pueden destinarse a diferentes usos, siempre que se cumplan los requisitos de calidad y las condiciones establecidas en la autorización correspondiente. Entre sus posibles aplicaciones se encuentran:

  • Riego agrícola.
  • Riego de parques, jardines y zonas verdes.
  • Baldeo de calles.
  • Descarga de aparatos sanitarios.
  • Sistemas contra incendios.
  • Limpieza y lavado industrial.
  • Determinados procesos industriales.
  • Usos ganaderos.
  • Campos de golf y otras instalaciones deportivas.
  • Mantenimiento de determinados ecosistemas acuáticos.
  • Recarga artificial de acuíferos bajo las condiciones establecidas.
  • Otros usos sometidos a evaluación y autorización.

 

La normativa también establece prohibiciones y limitaciones. Con carácter general, las aguas regeneradas no pueden destinarse al consumo humano directo, salvo las situaciones excepcionales previstas legalmente y bajo las condiciones que determinen las autoridades competentes.

Tampoco puede darse por hecho que una misma calidad resulte adecuada para cualquier aplicación. Cuando el agua vaya a utilizarse para varios fines, deberán aplicarse los requisitos correspondientes al uso más exigente, salvo que el Plan de gestión del riesgo contemple tratamientos o barreras adicionales.

 

La calidad del agua depende de su uso

La calidad exigible al agua regenerada se establece en función del uso o destino previsto.

El Reglamento distingue diferentes clases de calidad y fija para cada una de ellas requisitos concretos. Estos requisitos pueden incluir parámetros microbiológicos y físico-químicos, valores máximos admisibles, frecuencias de control y condiciones específicas de tratamiento.

Entre los indicadores que pueden formar parte de los programas de vigilancia se encuentran:

  • Escherichia coli.
  • Sólidos en suspensión.
  • Nematodos intestinales.
  • Bacteriófagos.
  • Legionella.
  • Demanda bioquímica de oxígeno.
  • Otros parámetros asociados al origen del agua y al riesgo identificado.

 

“La selección definitiva de parámetros no debe hacerse de manera automática, sino teniendo en cuenta las características del agua, el tratamiento aplicado, el uso final y las vías de exposición.”

 

La selección definitiva de parámetros no debe hacerse de manera automática. Debe tener en cuenta las características del agua residual de origen, el tratamiento aplicado, el uso final, las vías de exposición y las condiciones particulares del sistema.

Por ello, resulta esencial determinar qué análisis necesita el agua según su uso y diseñar un programa de seguimiento realmente adaptado a cada proyecto.

 

El Plan de gestión del riesgo del agua regenerada (PGRAR)

El Plan de gestión del riesgo del agua regenerada, conocido como PGRAR, es uno de los elementos centrales del nuevo marco normativo.

Su objetivo es garantizar que la producción, el suministro y el uso del agua regenerada se desarrollan de forma segura. Para ello, debe describir el sistema completo, identificar los peligros potenciales, evaluar los riesgos y establecer las medidas necesarias para mantenerlos en niveles aceptables.

El plan debe analizar cuestiones como:

  • El origen y las características de las aguas residuales.
  • Los tratamientos de depuración y regeneración.
  • Los peligros microbiológicos, químicos, físicos o radiológicos.
  • Los usos y usuarios finales.
  • Las posibles vías de exposición.
  • Las infraestructuras de almacenamiento y distribución.
  • Los riesgos derivados de fallos o incidencias.
  • Las medidas preventivas y correctoras.
  • Los programas de control y vigilancia.
  • Las responsabilidades de cada parte.
  • Los protocolos de comunicación ante desviaciones o incumplimientos.

 

El PGRAR no debe entenderse únicamente como un documento administrativo. Debe ser una herramienta operativa capaz de conectar el diseño del sistema, su funcionamiento cotidiano, los resultados analíticos y la respuesta ante posibles incidencias.

 

El punto de cumplimiento y el mantenimiento de la calidad

La normativa define el punto de cumplimiento como el lugar en el que debe acreditarse que el agua regenerada alcanza la calidad exigida.

En este punto, el operador de la estación regeneradora debe demostrar que el agua cumple los requisitos establecidos en la autorización de producción y suministro, así como las condiciones adicionales previstas en el Plan de gestión del riesgo.

Sin embargo, la responsabilidad sobre la calidad no termina necesariamente en ese momento.

Durante el almacenamiento, el transporte o la distribución pueden producirse cambios que afecten a las características del agua. Por ello, el plan puede establecer controles adicionales después del punto de cumplimiento y asignar responsabilidades a otros operadores o usuarios.

 

La calidad exigida debe mantenerse hasta el lugar de uso. No basta con alcanzarla únicamente a la salida del tratamiento.

Aguas regeneradas e importancia del análisis para cumplir la normativa según su uso

 

El control analítico como garantía del sistema

El análisis y control de aguas permite comprobar que el sistema de reutilización funciona según lo previsto y que el agua reúne las condiciones necesarias para el uso autorizado.

Un programa analítico adecuado sirve para:

  • Verificar la eficacia de los tratamientos.
  • Confirmar el cumplimiento de los valores máximos admisibles.
  • Detectar desviaciones antes de que generen un riesgo.
  • Evaluar la evolución de los resultados.
  • Comprobar que la calidad se mantiene durante el almacenamiento y la distribución.
  • Aportar información al Plan de gestión del riesgo.
  • Documentar el cumplimiento ante la administración.
  • Orientar medidas correctoras y mejoras operativas.

 

“Cada uso requiere una calidad específica, un programa de control adaptado y una evaluación de riesgos capaz de convertir el dato analítico en decisiones seguras.”

 

El valor del control no reside únicamente en emitir un resultado final. La información analítica debe permitir comprender cómo se comporta el sistema, identificar posibles cambios y apoyar las decisiones técnicas.

Un análisis aislado muestra el estado de una muestra concreta. Un programa de control bien diseñado permite conocer la evolución del sistema y anticiparse a posibles incidencias.

 

La fiabilidad comienza en la toma de muestras

La calidad de un resultado analítico depende de toda la cadena de trabajo.

La elección de los puntos de control, el momento del muestreo, la técnica empleada, la conservación, el transporte y el tiempo transcurrido hasta el análisis pueden influir de manera decisiva en el resultado.

Una toma de muestras de agua correctamente planificada debe ser representativa del sistema y responder al objetivo concreto del control.

No requiere el mismo diseño un muestreo destinado a comprobar la calidad en el punto de cumplimiento que otro orientado a evaluar la eficacia de una fase del tratamiento, detectar una posible contaminación o verificar el mantenimiento de la calidad en la red de distribución.

La interpretación técnica también resulta esencial. Los datos deben valorarse teniendo en cuenta el funcionamiento de la instalación, los tratamientos aplicados, los resultados históricos y las posibles incidencias registradas.

 

Control microbiológico y físico-químico

La seguridad de las aguas regeneradas requiere combinar diferentes tipos de análisis.

El control microbiológico del agua permite evaluar la posible presencia de microorganismos indicadores y comprobar la eficacia de los tratamientos de desinfección.

Por su parte, los análisis físico-químicos permiten caracterizar el agua, controlar parámetros relacionados con el tratamiento y detectar alteraciones que podrían afectar a su uso o al medio receptor.

La combinación de ambas áreas ofrece una visión más completa del sistema. Según las características de cada proyecto, también puede ser necesario incorporar determinaciones de nutrientes, sales, metales, compuestos orgánicos, plaguicidas u otros contaminantes específicos.

 

La validación de los tratamientos

En determinados sistemas, especialmente en la producción de agua de clase A para riego agrícola, debe validarse la capacidad de la estación regeneradora para alcanzar las reducciones microbiológicas requeridas.

La validación permite demostrar cuantitativamente el rendimiento de la cadena de tratamiento frente a microorganismos indicadores representativos de bacterias, virus y protozoos. No se limita a comprobar la calidad del agua final. Evalúa si las diferentes etapas del proceso ofrecen, en conjunto, el nivel de reducción previsto.

Esta comprobación debe realizarse antes de la puesta en funcionamiento de determinadas instalaciones y repetirse cuando se introduzcan modificaciones sustanciales en los equipos o procesos. De esta forma, el control analítico cumple una doble función: vigilar de manera rutinaria la calidad del agua y demostrar que las tecnologías instaladas ofrecen el rendimiento esperado.

 

Más allá de los parámetros mínimos

Cada sistema de reutilización presenta unas condiciones propias.

El origen de las aguas residuales, las actividades industriales conectadas a la red, los tratamientos existentes y el destino final pueden hacer necesario ampliar los parámetros incluidos en el programa de control.

La evaluación del riesgo puede señalar la conveniencia de vigilar:

  • Nutrientes y sales.
  • Metales y elementos traza.
  • Compuestos orgánicos.
  • Contaminantes asociados a vertidos industriales.
  • Contaminantes emergentes.
  • Sustancias persistentes.

Este último grupo está adquiriendo una importancia creciente dentro de la protección de los recursos hídricos. La presencia de contaminantes emergentes, como determinados PFAS, no constituye el eje general del Reglamento de reutilización, pero puede resultar relevante cuando el origen del agua, el uso previsto o su posible impacto sobre el medio justifiquen su inclusión.

El programa analítico debe, por tanto, responder al riesgo real del sistema y no limitarse a reproducir un listado idéntico para todos los casos.

 

Reutilización y protección de los recursos hídricos

El uso de aguas regeneradas puede reducir la extracción de recursos procedentes de ríos, embalses y acuíferos. También puede ofrecer una fuente más estable para determinados usos agrícolas, urbanos o industriales.

Sin embargo, la reutilización debe integrarse en la planificación hidrológica y evaluarse teniendo en cuenta sus posibles efectos sobre el conjunto del ciclo del agua. La sustitución de recursos naturales por agua regenerada puede contribuir a mejorar el estado cuantitativo de determinadas masas de agua. Y puede ayudar a reducir la presión sobre acuíferos sometidos a una elevada demanda.

No obstante, cada actuación debe estudiarse dentro de su contexto. La reducción o eliminación de determinados vertidos puede modificar los caudales que recibe un río, un humedal o un ecosistema asociado.

 

“Reutilizar agua no significa rebajar las exigencias, sino aplicar el tratamiento, el control y el conocimiento necesarios para darle un nuevo uso con seguridad.”

La reutilización no debe analizarse únicamente desde la perspectiva de una instalación concreta. Forma parte de una gestión integral en la que deben valorarse la disponibilidad del recurso, las necesidades de los usuarios, la protección ambiental y la sostenibilidad a largo plazo.

 

Del cumplimiento normativo a una mejor gestión del agua

El Real Decreto 1085/2024 supone un cambio relevante en la forma de abordar la reutilización.

 El cumplimiento deja de depender exclusivamente de una tabla de parámetros y se apoya en una visión más amplia del sistema, sus riesgos y las responsabilidades de cada participante.

Para administraciones, operadores del ciclo del agua, comunidades de regantes, industrias, entidades gestoras y usuarios finales, este planteamiento implica revisar instalaciones, autorizaciones, programas de control y procedimientos de actuación.

También refuerza el valor del laboratorio como apoyo técnico. Su función no termina con la emisión de un boletín de resultados. El conocimiento de la matriz, de los tratamientos, de los requisitos normativos y del objetivo del análisis permite transformar el dato en información útil para gestionar mejor.

 

Laboratorios Tecnológicos de Levante cuenta con más de 30 años de experiencia en el análisis de aguas y el control ambiental. Sus acreditaciones y reconocimientos técnicos respaldan su capacidad para trabajar con aguas, aguas residuales, instalaciones de depuración, vertidos y diferentes matrices ambientales. LTL acompaña a administraciones, organismos de cuenca, operadores, empresas e industrias en la planificación de muestreos, el desarrollo de programas analíticos y la interpretación técnica de los resultados.

 

Una fuente alternativa de agua que exige garantías

Las aguas regeneradas representan una oportunidad para avanzar hacia una utilización más eficiente y circular de los recursos hídricos.

Pueden reducir la presión sobre las fuentes convencionales, aportar estabilidad durante los periodos de escasez y facilitar que el agua de mayor calidad se reserve para los usos más sensibles.

Pero su valor depende de la confianza.

Esa confianza se construye con tratamientos eficaces, responsabilidades bien definidas, planes de gestión del riesgo adaptados a cada sistema y controles analíticos capaces de demostrar que el agua mantiene la calidad requerida.

Reutilizar agua no significa rebajar las exigencias. Significa aplicar el tratamiento, el control y el conocimiento necesarios para darle un nuevo uso con seguridad.

Para definir un programa de control adaptado a las características y al destino del agua regenerada, puede contactar con el equipo técnico de Laboratorios Tecnológicos de Levante.

 

 

Preguntas frecuentes sobre aguas regeneradas

¿Es lo mismo agua depurada que agua regenerada?

No. El agua depurada ha recibido un tratamiento para reducir su carga contaminante antes del vertido. El agua regenerada ha sido acondicionada para alcanzar la calidad necesaria para un nuevo uso autorizado.

¿Qué norma regula las aguas regeneradas en España?

El principal marco nacional es el Real Decreto 1085/2024, por el que se aprueba el Reglamento de reutilización del agua. Para el riego agrícola también resulta aplicable el Reglamento (UE) 2020/741.

¿Qué es el Plan de gestión del riesgo del agua regenerada (PGRAR)?

Es el documento que describe el sistema de reutilización, identifica sus peligros y riesgos, establece las medidas de control y delimita las responsabilidades de las partes implicadas.

¿Qué parámetros deben analizarse?

Depende del uso, de la clase de calidad, del origen del agua y de los riesgos identificados. Pueden incluir parámetros microbiológicos, turbidez, sólidos en suspensión, nematodos, bacteriófagos, Legionella y otros contaminantes específicos.

¿Dónde debe comprobarse la calidad del agua regenerada?

La calidad exigida debe acreditarse en el punto de cumplimiento definido en la autorización. El Plan de gestión del riesgo puede establecer controles adicionales durante la distribución o en otros puntos del sistema.

¿Puede utilizarse cualquier agua regenerada para cualquier uso?

No. Cada uso requiere una calidad determinada. Cuando se prevean varios destinos, debe cumplirse la condición más exigente, salvo que existan tratamientos o barreras adicionales contemplados en el Plan de gestión del riesgo.