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Laboratorio de análisis de aguas. Del resultado analítico a la toma de decisiones

Eduardo Gimeno, director general adjunto de Laboratorios Tecnológicos de Levante,  explica cómo el laboratorio se ha convertido en un aliado técnico para empresas, administraciones y gestores del ciclo integral del agua

 

Durante muchos años, el papel de un laboratorio parecía estar claramente definido: recibir una muestra, analizarla y emitir un informe.

Hoy, esa visión resulta insuficiente.

La creciente complejidad normativa, el control de vertidos, la reutilización del agua, la vigilancia de las masas de agua, la protección de los ecosistemas y la necesidad de mejorar la eficiencia de los procesos industriales han transformado profundamente la función del laboratorio.

Ya no se trata únicamente de obtener un resultado preciso. El reto consiste en comprender qué significa ese resultado, cómo se relaciona con el proceso del que procede y qué decisiones permite tomar.

Para Eduardo Gimeno, director general adjunto de Laboratorios Tecnológicos de Levante, el verdadero valor del análisis comienza antes de que la muestra llegue al laboratorio y continúa después de la emisión del informe.

El origen de la muestra, el punto de toma, su conservación, la trazabilidad, el método aplicado y la interpretación técnica condicionan la utilidad final del dato.

El laboratorio se convierte así en un aliado para empresas, industrias, administraciones públicas, organismos de cuenca, operadores del ciclo integral del agua, ingenierías y consultoras ambientales que necesitan controlar, verificar y decidir con una base técnica fiable.

 

No existe una única agua. Tampoco un único análisis

No requiere el mismo planteamiento analítico un agua destinada al consumo humano que un vertido industrial. Tampoco responden a las mismas necesidades un agua regenerada, un agua de proceso, una muestra procedente de un acuífero, un río, un embalse, un humedal o unas aguas marinas.

Cada tipo de agua presenta unas características, unos riesgos y un objetivo de control diferente.

En algunos casos, el análisis busca verificar el cumplimiento de una autorización o de una exigencia normativa. En otros, comprobar la eficacia de un tratamiento, investigar una incidencia, conocer el estado de una masa de agua o detectar posibles alteraciones antes de que se conviertan en un problema.

 

«Cada muestra tiene un contexto. No basta con saber qué parámetro se analiza; hay que entender por qué se analiza, qué información se espera obtener y qué decisión puede depender de ese resultado».

 

La pregunta técnica debe plantearse antes de seleccionar los parámetros.

¿Qué se necesita comprobar? ¿Cuál es el origen de la muestra? ¿Qué proceso puede estar afectando a su composición? ¿Existe un histórico con el que comparar los resultados? ¿Qué normativa o autorización resulta aplicable? ¿Qué decisión deberá tomarse después?

Responder a estas cuestiones permite definir una estrategia analítica coherente y evitar tanto la falta de información como la realización de determinaciones que no aportan valor al proyecto.

Laboratorios Tecnológicos de Levante trabaja en el análisis de aguas y el control de su calidad en diferentes ámbitos:

  • Aguas de consumo humano.
  • Aguas superficiales y subterráneas.
  • Ríos, lagos, embalses y humedales.
  • Aguas residuales y depuradas.
  • Aguas regeneradas destinadas a reutilización.
  • Aguas de proceso e industriales.
  • Vertidos urbanos e industriales.
  • Aguas de baño.
  • Aguas litorales y marinas.
  • Aguas relacionadas con usos agrícolas y ambientales.

 

El tipo de muestra orienta la estrategia de control, pero no la define por sí solo. Para obtener una respuesta útil también es necesario conocer el proceso, el uso previsto, el punto de toma y el riesgo que se pretende evaluar

(Ampliamos en el artículo «Qué análisis de agua necesita según su uso: consumo, proceso o vertido»).

 

La calidad del dato empieza en el muestreo

Un resultado analítico no depende exclusivamente de la tecnología utilizada en el laboratorio.

La muestra debe representar correctamente la realidad que se quiere estudiar. Un punto de toma inadecuado, una frecuencia insuficiente, una conservación incorrecta o una pérdida de trazabilidad pueden condicionar la validez del resultado, aunque el ensayo se realice correctamente.

Por ello, los muestreos ambientales y controles de campo forman parte del propio proceso analítico.

La planificación debe considerar dónde y cuándo tomar la muestra, qué recipientes utilizar, qué condiciones de conservación requiere cada parámetro y cuánto tiempo puede transcurrir hasta su análisis.

También debe garantizarse la cadena de custodia, especialmente cuando los resultados pueden intervenir en una autorización, una inspección, una actuación correctora, un procedimiento administrativo o una decisión vinculada a la seguridad de un proceso.

 

«El resultado final es solo una parte del trabajo. La calidad del dato depende de cómo se toma la muestra, cómo se conserva, qué método se aplica, qué controles se realizan y cómo se interpreta después. Si queremos que el informe tenga valor, hay que cuidar todo el proceso».

 

Esta visión integral permite que el dato no sea únicamente correcto desde un punto de vista instrumental, sino también representativo, trazable y adecuado para el objetivo que ha motivado el análisis.

Laboratorios Tecnológicos de Levante cuenta, además, con diferentes acreditaciones y certificaciones aplicables a ensayos ambientales, análisis de aguas, toma de muestras y actividades de inspección, dentro de sus correspondientes alcances.

 

Análisis físico-químico para comprender el comportamiento del agua

El análisis físico-químico permite conocer la composición del agua, detectar alteraciones y comprender su relación con el tratamiento, la actividad que la genera o el medio en el que se encuentra.

Parámetros como el pH, la conductividad, la turbidez, los sólidos, la materia orgánica, los nutrientes, la demanda química de oxígeno, la demanda biológica de oxígeno o determinados compuestos específicos aportan información sobre el comportamiento del agua.

En una instalación industrial, los resultados pueden ayudar a identificar cambios en el proceso, controlar la calidad del agua utilizada, verificar un tratamiento o conocer las características del efluente generado.

En una estación depuradora, permiten comprobar la evolución del agua a través de las distintas etapas, analizar la carga contaminante y detectar posibles desviaciones que puedan afectar a la estabilidad del tratamiento.

En aguas superficiales y subterráneas, contribuyen a caracterizar el recurso, identificar presiones ambientales y conocer la evolución de una masa de agua.

En un vertido, permiten evaluar la composición del efluente, verificar las condiciones establecidas en la autorización y estudiar su posible afección sobre la red de saneamiento, la depuradora o el medio receptor.

El análisis físico-químico no se limita, por tanto, a ofrecer una fotografía puntual. Cuando los resultados se comparan con el histórico, con diferentes puntos de control o con las distintas etapas de un tratamiento, pueden mostrar tendencias y ayudar a anticipar alteraciones.

 

Microbiología para verificar tratamientos y gestionar riesgos

El análisis microbiológico aporta una dimensión esencial al control del agua.

La presencia o concentración de determinados microorganismos puede tener implicaciones sanitarias, ambientales y productivas. Su relevancia depende del origen de la muestra, el tratamiento aplicado, el uso previsto y el punto en el que se realiza el control.

Esta información resulta especialmente importante en aguas de consumo, aguas regeneradas, aguas de proceso, instalaciones de riesgo, vertidos y sistemas donde la calidad microbiológica es crítica.

 

«Un análisis microbiológico no es un dato aislado. Puede ayudar a valorar la eficacia de un tratamiento, detectar una contaminación, revisar un proceso o decidir si es necesario ampliar el seguimiento».

 

Un resultado microbiológico puede utilizarse para comprobar el funcionamiento de una etapa de desinfección, investigar una incidencia, revisar el mantenimiento de una instalación o verificar la calidad del agua en diferentes puntos del sistema.

La interpretación debe realizarse dentro de su contexto. El mismo microorganismo o indicador puede tener un significado diferente en una captación, después de un tratamiento, en una red de distribución o en el punto de entrega de un agua regenerada.

Por ello, el análisis microbiológico debe integrarse dentro de una visión más amplia que tenga en cuenta el proceso completo y no únicamente el valor obtenido en una muestra puntual.

 

Metales y contaminantes específicos

La composición del agua puede verse afectada por sustancias procedentes de actividades industriales, urbanas, agrícolas o de las propias características geológicas del entorno.

El análisis de metales permite determinar elementos cuya presencia puede afectar a la calidad del recurso, al proceso productivo, al funcionamiento de una instalación o al estado ambiental del medio.

Entre ellos pueden encontrarse metales como plomo, cadmio, mercurio, arsénico, níquel, cobre, cromo o zinc, dependiendo de la naturaleza de la muestra y de la finalidad del control.

La selección de los elementos que deben analizarse requiere conocer el origen del agua, los materiales con los que ha estado en contacto, la actividad desarrollada y las posibles fuentes de contaminación.

A esta capacidad se suma el laboratorio de cromatografía, que permite determinar compuestos específicos mediante técnicas como la cromatografía de gases, la cromatografía líquida y la cromatografía iónica.

Estas metodologías pueden aplicarse al estudio de:

  • Compuestos orgánicos volátiles.
  • Hidrocarburos.
  • Pesticidas.
  • Antibióticos y hormonas.
  • Trihalometanos.
  • Hidrocarburos aromáticos policíclicos.
  • Compuestos organoestánnicos.
  • PCB.
  • Dioxinas y furanos.
  • Otros contaminantes orgánicos y emergentes.

 

Entre estos contaminantes emergentes se encuentran las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, conocidas como PFAS, y el TFA. Su persistencia y su presencia en diferentes tipos de agua plantean nuevos retos de detección, seguimiento e interpretación. En este artículo analizamos con mayor detalle el control analítico de PFAS y TFA para proteger la calidad del agua

El avance de la capacidad analítica permite detectar sustancias a concentraciones cada vez más bajas, pero interpretar su presencia sigue exigiendo conocimiento técnico.

No se trata de analizar indiscriminadamente todos los parámetros posibles. Se trata de identificar qué sustancias pueden estar relacionadas con el proceso, la actividad o la presión ambiental estudiada y definir una estrategia proporcionada al riesgo.

 

Control de vertidos y materias inhibidoras

El control de vertidos requiere combinar el análisis del agua con el conocimiento del proceso que genera el efluente y de las características del sistema que lo recibe.

La carga orgánica, los sólidos, los nutrientes, los metales, los compuestos específicos y la presencia de materias inhibidoras pueden afectar al funcionamiento de una estación depuradora o provocar alteraciones en el medio receptor.

En la industria, la caracterización del vertido permite conocer qué se está aportando a la red de saneamiento o al medio, comprobar la eficacia de los tratamientos previos y detectar cambios relacionados con la producción.

También puede ayudar a investigar desviaciones, identificar posibles focos dentro de la instalación o valorar si determinadas sustancias están interfiriendo en los procesos biológicos de depuración.

Para las administraciones, organismos gestores y entidades de saneamiento, los datos analíticos aportan una base objetiva para controlar las condiciones de vertido, evaluar posibles incumplimientos y orientar las actuaciones necesarias.

Un programa de control bien definido puede utilizarse para:

  • Caracterizar el efluente.
  • Verificar las condiciones de una autorización.
  • Comprobar la eficacia de un pretratamiento.
  • Identificar cambios asociados al proceso industrial.
  • Investigar la presencia de sustancias inhibidoras.
  • Evaluar la posible afección sobre una depuradora.
  • Analizar el impacto sobre el medio receptor.
  • Diseñar un seguimiento periódico.
  • Comprobar la eficacia de las medidas correctoras.

 

El análisis se convierte así en una herramienta preventiva. Permite actuar sobre el proceso antes de que una desviación provoque un problema operativo, un incumplimiento o un impacto ambiental.

 

Aguas regeneradas: verificar la calidad según el uso previsto

La reutilización del agua ha reforzado la necesidad de disponer de controles analíticos adaptados al uso previsto y al riesgo asociado.

No basta con someter el agua residual a un tratamiento. Es necesario verificar el resultado, documentar la calidad alcanzada y mantener un programa de seguimiento que permita detectar desviaciones.

El Real Decreto 1085/2024, por el que se aprueba el Reglamento de reutilización del agua, desarrolla el régimen jurídico aplicable en España e incorpora requisitos relacionados con la calidad, el control y la gestión del riesgo del agua regenerada.

El laboratorio puede aportar información en diferentes puntos del sistema: antes del tratamiento, durante el proceso, en el punto de cumplimiento y en otros puntos de control definidos en función de la instalación y el uso.

Los análisis físico-químicos y microbiológicos permiten comprobar la estabilidad del tratamiento, verificar la calidad del agua y detectar posibles desviaciones que requieran una revisión del proceso o un seguimiento adicional.

 

«El análisis no es solo una comprobación final. Es una herramienta de seguimiento. Permite saber si el sistema responde como se espera y si la información disponible es suficiente para tomar decisiones técnicas».

 

Para operadores, administraciones, industrias y usuarios finales, disponer de datos fiables es esencial para documentar la calidad del agua regenerada, gestionar los riesgos y asegurar que el recurso responde a las condiciones establecidas.

 

Del análisis del agua al conocimiento del ecosistema

En ríos, lagos, embalses, humedales y zonas costeras, conocer la composición del agua es fundamental, pero puede no ser suficiente para comprender el estado del ecosistema.

Los estudios ambientales permiten integrar información físico-química, biológica, hidromorfológica y genómica para evaluar las presiones que afectan a las masas de agua y analizar su respuesta.

A través del laboratorio de ecología acuática pueden estudiarse macroinvertebrados, peces, fitoplancton, diatomeas, sedimentos, biota, hábitats y otros indicadores vinculados a la calidad ecológica.

Cada elemento aporta una parte de la información.

Los parámetros físico-químicos permiten conocer las condiciones del agua. Los indicadores biológicos muestran cómo responden las comunidades presentes. Los sedimentos pueden actuar como receptores de contaminantes. La biota puede aportar información sobre exposición y efectos. La hidromorfología ayuda a comprender las condiciones físicas del ecosistema.

La integración de estas disciplinas ofrece una visión más completa y resulta especialmente relevante para administraciones hidráulicas, organismos de cuenca, consultoras ambientales, entidades gestoras y proyectos de conservación.

 

El ADN ambiental amplía la capacidad de vigilancia

La incorporación de la genómica y el ADN ambiental está permitiendo obtener información que no siempre puede observarse mediante métodos convencionales.

Los organismos liberan material genético al medio a través de células, tejidos y otros restos biológicos. Ese ADN puede recuperarse de una muestra de agua y utilizarse para detectar señales de las especies presentes.

 

«El ADN ambiental nos permite ampliar la mirada. A partir de una muestra de agua podemos obtener información sobre especies presentes en el ecosistema y reforzar la vigilancia ambiental con herramientas más precisas».

 

Estas técnicas pueden aplicarse a:

  • Estudios de biodiversidad.
  • Detección temprana de especies invasoras.
  • Seguimiento de especies amenazadas o protegidas.
  • Identificación de organismos de difícil observación.
  • Estudio de comunidades microbianas.
  • Monitorización de determinados patógenos.
  • Complemento de los métodos tradicionales de muestreo.
  • Programas de vigilancia y conservación.

 

El ADN ambiental no elimina la necesidad de otras metodologías. Añade una nueva capa de información y permite reforzar el conocimiento disponible sobre el ecosistema.

Su aplicación práctica quedó reflejada en la participación de Laboratorios Tecnológicos de Levante en el XXIII Congreso de la Asociación Ibérica de Limnología, AIL 2026.

En este encuentro científico, el equipo de LTL presentó un estudio sobre el uso del eDNA para evaluar la diversidad de peces en 17 embalses de la cuenca del Segura.

El trabajo permitió obtener información sobre especies nativas, exóticas e invasoras y analizar la utilidad de esta metodología como complemento de los sistemas tradicionales de seguimiento.

La participación en foros especializados forma parte de una línea de trabajo orientada a conectar el laboratorio, el campo y el conocimiento científico. Esta relación permite contrastar metodologías, compartir resultados obtenidos en proyectos reales y trasladar la innovación a la gestión de las masas de agua.

 

 

Eduardo Gimeno, director general adjunto Laboratorios Tecnológicos de Levante

La visión de Eduardo Gimeno

«Muchas veces el valor está en saber qué analizar y cómo orientar el control. No todos los casos necesitan la misma respuesta. La experiencia del laboratorio ayuda a definir el enfoque adecuado».

 

Esta visión resume la evolución del laboratorio: pasar de responder únicamente a una solicitud de parámetros a comprender el problema técnico que existe detrás de la muestra.

El objetivo no es analizar más, sino analizar mejor. Seleccionar las determinaciones adecuadas, cuidar la representatividad de la muestra, aplicar metodologías fiables y relacionar los resultados con la decisión que debe tomar el cliente.

 

 

 

Cuando el dato necesita interpretación

Un informe analítico puede contener valores, límites, unidades, referencias y observaciones. Sin embargo, su utilidad depende de la lectura técnica que permita relacionarlo con la realidad que describe.

Un resultado dentro de rango puede confirmar la estabilidad de un proceso. Un valor inesperado puede abrir una investigación. Una diferencia entre dos puntos de control puede ayudar a localizar una incidencia. Una tendencia sostenida puede anticipar una desviación antes de que se produzca un incumplimiento.

Interpretar no significa añadir una opinión al dato. Significa contextualizarlo.

Para ello, deben considerarse el origen de la muestra, el histórico disponible, el método aplicado, la incertidumbre asociada, el punto de control, el tipo de agua, el tratamiento y el posible impacto de los resultados.

 

«Hay resultados que plantean nuevas preguntas. A veces un dato confirma que todo está dentro de lo previsto, pero otras veces obliga a revisar un proceso, repetir un control, ampliar parámetros o valorar posibles causas. Ahí el laboratorio puede aportar mucho criterio».

 

El acompañamiento técnico permite que empresas y administraciones no reciban únicamente un documento, sino información útil para decidir cómo actuar.

 

El laboratorio como socio tecnológico

La gestión del agua afronta retos cada vez más complejos.

La presión sobre los recursos hídricos, el control de nuevos contaminantes, la reutilización, el cumplimiento normativo, la protección de los ecosistemas y la necesidad de mejorar los procesos industriales requieren información técnicamente sólida.

En este contexto, el laboratorio deja de ser únicamente un proveedor de resultados.

Su papel es ayudar a definir qué debe analizarse, cómo debe realizarse el control y qué información puede obtenerse de los resultados.

Para una industria, esto puede significar detectar el origen de una desviación, comprobar la eficacia de un tratamiento o anticiparse a un posible incumplimiento.

Para una administración, puede significar conocer el estado de una masa de agua, vigilar un vertido, evaluar un riesgo o fundamentar una actuación.

Para un operador, puede significar verificar la estabilidad de una instalación, revisar un proceso o comprobar la calidad de un agua regenerada.

Para una ingeniería o consultora, puede significar disponer de datos fiables sobre los que construir una evaluación, diseñar una solución o justificar técnicamente un proyecto.

Con más de 30 años de trayectoria, Laboratorios Tecnológicos de Levante integra análisis físico-químico, microbiología, cromatografía, metales, control ambiental, ecología acuática y genómica para abordar el agua desde diferentes perspectivas.

El valor aparece cuando esas áreas dejan de trabajar como compartimentos independientes y la información se conecta para responder a la necesidad real del cliente.

Porque tratar mejor el agua exige conocerla mejor.

Y conocerla mejor significa disponer de muestras representativas, métodos adecuados, resultados fiables y capacidad técnica para convertir esos resultados en decisiones.

 

Del resultado a una decisión técnicamente fundamentada

El análisis seguirá siendo la base del trabajo del laboratorio. Sin datos fiables no es posible verificar un tratamiento, controlar un vertido, evaluar un riesgo ni conocer el estado de una masa de agua.

Pero el dato es solo el principio.

La evolución del sector exige transformar los resultados en conocimiento aplicable. Interpretar tendencias, relacionar parámetros, revisar procesos, anticipar riesgos y orientar nuevos controles cuando la información obtenida plantea nuevas preguntas.

Ese es el modelo de laboratorio que defiende Eduardo Gimeno: un laboratorio capaz de integrar ciencia, tecnología y experiencia para acompañar a sus clientes en decisiones que pueden tener consecuencias industriales, ambientales, sanitarias y económicas.

 

«El resultado final es solo una parte del trabajo. Si queremos que el informe tenga valor, hay que cuidar todo el proceso».

 

¿Necesita definir un análisis o revisar su plan de control de aguas?

Cada agua y cada proyecto requieren una estrategia diferente.

El equipo técnico de Laboratorios Tecnológicos de Levante puede estudiar el origen de la muestra, el proceso asociado, la normativa aplicable y el objetivo del análisis para definir un plan de control adaptado a las necesidades de empresas, administraciones, operadores, ingenierías y entidades gestoras.

Contacte con Laboratorios Tecnológicos de Levante para solicitar información sobre análisis de aguas, toma de muestras, control de vertidos, aguas regeneradas, estudios ambientales, ADN ambiental o interpretación técnica de resultados.